sábado, 15 de diciembre de 2012

Pasar por lo mismo


Fue en un momento en el que pensé:

- Dile que se calle -

Ya no me interesa saber nada de nadie, o creo que simplemente no es interesante lo que estaba diciendo, pero no quería estar ahí, ya no estoy para pasar por lo mismo otra vez, ya lo hice una vez y basto. Y no es en que en ese momento haya sido una obligación, pero el entorno era interesante. Bueno, ahora no quiero saber de entornos ni de historias pasadas de nadie.

                Lo peor de todo creo es que tendré que de una u otra forma pasar por esto, poner cara de que, si me interesa, y mamarme horas y horas de discursos sin fin, para que luego pueda suceder algo, o simplemente para complacer. Lo que se me viene es heavy.

                Habrá alguna manera de evitarlo, o de hacer que pase de una manera mucho más sutil. Creo que mis arrugas tardaran un poco más de años en aparecer de lo que lo tenían pensado gracias a que ahora la mayoría del tiempo no sonrió con las ganas de antes.

                Simplemente nadie me dijo como esto seria, no estaba preparado o simplemente estoy pagando el noviciado y me molesta no poder manejar la situación. Antes todo bien, pero ahora todo es incertidumbre, y desconocimiento, es como estar frente al túnel antes de morir. Que sigue después de la vida.

                Nada.

                Todo.

                No quiero pasar por lo mismo, no es que haya sido malo, de hecho no lo fue en ningún momento, pero con esa me quedo para siempre.

sábado, 20 de octubre de 2012

Viaje a destino inevitable





Quiero ser sincero, existe cierta fascinación en mí acerca de los cementerios. A cualquier ciudad a la que me dirija, es imperante que visite el local y sentir la tranquilidad que solo en este tipo de lugares se puede sentir. El silencio es impagable y la arquitectura de estos lugares me hace viajar en el tiempo. Estos lugares también albergan monumentos y sitios de interés, siempre la tumba de algún personaje famoso es visitada a diario por algún curioso que la observa  con una mirada que es capaz de atravesar el grueso concreto de aquella suerte de morada eterna.
Sentado en cualquier banco me pregunto cómo habrá sido la vida de aquellos que yacen a metros bajo la tierra, dentro de un nicho o en un fabuloso mausoleo.
¿Por qué han muerto?
Sin duda creo que debe haber más personas bajo una cruz que observándolas, y a favor de una estadística rápida, creo que puede ser cierto.


Cementerios existen es todos los lugares, dentro de una ostentosa iglesia que alberga a los fallecidos religiosos, o en el medio del desierto en los cuales se encuentran los anónimos testigos de una peste mortal.
Estés en el cementerio que estés el silencio es vasto, puede ser con solo una tumba o en un metropolitano, el aire es el mismo y la sensación es idéntica.
Nada podrá interrumpir el respeto por los muertos, incluso por los ajenos, aquellos con nombres raros y antiguos que llevan más de cien años o que incluso su responso fuera ayer. Bajo tierra todos son iguales, todos serán devorados sin distinción y su carne será amarga por el resto de los días.
El cementerio también me produce un cariño, el hecho de pensar que terminare de alguna u otra manera, tarde o temprano en alguno de ellos, me hace querer comenzar a acostumbrarme. Aun no pienso en comprar un trozo de tierra para ello, pero sí creo que construiría mi ataúd, de hecho siempre lo he pensado, un cajón de madera natural sin pintura y con cuerdas en vez de manillas y, ahí dentro de este simple trabajo, yo envuelto en la tela más barata.
Pienso que esto que digo es lo más seguro que tengo en la vida, aparte de todo el conocimiento que se pueda adquirir, la muerte es más que un día en la vida, es eso que nos motiva a doblar en la esquina o a decidir en ciertas ocasiones. Aquel que no piensa en su propia muerte, no aprecia su propia vida. No soy un depresivo, pero tengo claro que algún día estaré para siempre en uno de ellos.